Lipomas Caninos


Por. PMVZ María Isabel Rivas Rojas


Los lipomas son neoplasias del tejido adiposo (grasa), de textura suave a firme, en general mal definidos y de crecimiento lento, aunque también pueden presentar períodos en los cuales crecen rápidamente. Comúnmente son benignos y en mayor parte encontrados en tejido subcutáneo, sin embargo, son capaces de invadir tejidos adyacentes como músculos, tejido conectivo y, en raras ocasiones, los nervios periféricos y la médula espinal.


A pesar de la evidencia que muestra una ocurrencia relativamente frecuente en perros, hay muy poca información publicada sobre los factores de riesgo de lipomas. Aunque se menciona que pueden ocurrir en perros de cualquier raza y a distintas edades, los Labrador Retriever y los Doberman Pinscher, así como hembras adultas y perros obesos de edad avanzada se encuentran como los más afectados.


En la literatura veterinaria se describen tres tipos de lipomas: los lipomas simples y lipomas infiltrantes, los cuales son los más frecuentes y ubicados generalmente subcutáneos e intermusculares, histológicamente idénticos pero con la diferencia en que los lipomas infiltrantes, a pesar de ser benignos, son localmente invasivos, aunque aún no se sabe por qué dichas neoplasias desarrollan este comportamiento, y finalmente los liposarcomas, que a pesar de ser poco comunes tienden a ser agresivos, muy invasivos y, sobre todo, metastásicos (se propagan a otros órganos con rapidez).


Los lipomas se encuentran especialmente como masas solitarias y en ocasiones múltiples. La ubicación será diferente en cada paciente por lo que no todos se presentan en zonas exactas, pero pueden ubicarse generalmente en el tejido subcutáneo, aunque pudieran extenderse:

  • De forma intermuscular, encontrándose distribuidos equitativamente en la parte posterior del muslo, entre los músculos pectorales (pecho), los músculos del hombro y axilas

  • A lo largo de las fascias profundas

  • Dentro del abdomen o tórax

  • En otras ubicaciones menos comunes, como huesos, médula espinal o cercanos a los testículos, entre otras.


Diagnóstico

La mayoría de los lipomas son asintomáticos, en consecuencia y a pesar de lo benigno que puedan comportarse clínicamente, es probable que los propietarios encuentren estas masas como muy dignas de mención durante las consultas e incluso alarmantes (dada la apariencia y el crecimiento de estas) y, por lo tanto, los veterinarios deben ser muy claros con la información que proporcionan a los propietarios sobre la importancia clínica de estas masas.


Por otro lado, algunos de los lipomas infiltrantes pueden provocar molestias en los perros, como dolor durante la palpación debido a alguna compresión que involucre estructuras neurovasculares, órganos y/o músculos adyacentes (especialmente si se vuelven muy grandes) causando y manifestando otras dificultades funcionales en dichos sitios, siendo éstas el motivo de consulta.

Algunas de estas neoplasias ubicadas principalmente en tórax o abdomen, son palpables en etapas avanzadas, o son hallazgos incidentales durante estudios de ultrasonografía o radiografía.


Una vez ubicados, pueden diagnosticarse y clasificar el grado de malignidad fácilmente mediante evaluaciones citológicas o biopsia con estudio histopatológico. Cabe destacar también el uso de la tomografía computarizada y la resonancia magnética como herramientas de gran utilidad para el diagnóstico de este tipo de neoplasias.


Tratamientos y pronósticos

El tratamiento recomendado es la escisión o retiro quirúrgico completo del lipoma, debido a su eficacia, las bajas tasas de recidiva y buen pronóstico. Por ello, una buena planificación quirúrgica es fundamental para el éxito terapéutico, ya que la recurrencia local de neoplasias se asocia con técnicas de escisión incompletas. En el caso de los lipomas infiltrantes, se ha registrado una recurrencia del 36 % al 50 % en comparación con los lipomas simples después de una resección quirúrgica agresiva, por tanto, se recomienda la terapia adyuvante como la radiación o la quimioterapia. Para los liposarcomas la escisión quirúrgica debe ser lo más temprana posible y con márgenes amplios. Las complicaciones posoperatorias son raras, sin embargo, debido al uso de anestesia general, puede estar asociado el riesgo de cicatrización tardía y/o infección de la herida, formación de seroma (acumulación de líquido) y lesión nerviosa en cirugías profundas e intermusculares, según la ubicación del lipoma.


Existen otros tipos de tratamientos como la radiación y quimioterapia, que se pueden prescribir dependiendo de la ubicación, tamaño y la voluntad del propietario para tratar dichos tumores, exceptuando los liposarcomas donde se reporta que estos tratamientos parecen no dar respuesta.


El pronóstico depende de la clasificación del lipoma y la extensión de la neoplasia local; el resultado a largo plazo está relacionado con el tamaño y el sitio de la lesión, el grado de malignidad y si la neoplasia extirpada estaba adherida a los tejidos adyacentes.


Conclusión

Los lipomas deben ser considerados de gran importancia clínica dada su incidencia, repercusiones probables a largo plazo y su falta de detección temprana debido a la poca signología que manifiestan los pacientes, por lo que es importante realizar consultas médicas periódicamente y nunca subestimar este tipo de neoplasias. En los casos positivos de lipomas, es deber del propietario informarse sobre el tratamiento adecuado para su mascota, independientemente del tamaño o localización de ésta y además, en la medida de lo posible, procurar colaborar en todo lo necesario con el médico Veterinario de confianza, para diagnosticar y tratar apropiadamente este tipo de padecimientos, dado que la mayoría son de pronóstico favorable; en los casos que presenten diagnóstico de malignidad poder actuar con prontitud para así poder acercarse también a un buen pronóstico prolongando y manteniendo la calidad de vida del paciente.


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