La displasia de cadera canina (DCC) en el Pastor Alemán


Por, Dr. Marco A. Rodríguez

Genómica Canina Aplicada DNA


A lo largo de la historia evolutiva del perro, se han ido gestando de la mano de la creación y selección artificial por parte del hombre, un sinfin de cualidades morfológicas y metabólicas, que han derivado en lo que hoy en día son las características de las razas registradas y las que están en proceso de formación, es continuo e intermitente; el proceso ha tomado tanto tiempo (aproximadamente 100,000 años) que la especie en la actualidad posee una gran cantidad de variantes entre tallas, colores y funciones. Por otra parte, dada la manipulación genética implícita en los sistemas de crianza, la cual pocas veces, o de forma errónea se ha considerado correctamente aplicada en dichos procesos, ha derivado en una gran cantidad de asuntos genéticos por atender. Si bien estos sistemas de cruza han contribuido en la canofilia actual en cuanto a morfología, capacidades físicas, funciones zootécnicas, coloración y nuevas mutantes (alelos para color); también es verdad que ha sido la razón por la cual han surgido muchos desórdenes genéticos entre las diferentes razas de perros.


Actualmente los desórdenes genéticos han diversificado tanto, que todos los sistemas orgánicos del perro se pueden ver afectados: hepáticos, renales, sanguíneos, inmunológicos, metabólicos, cardíacos, musculares, cutáneos, visuales, auditivos, reproductivos, nerviosos, neuromusculares, cardiorrespiratorios, endocrinos y, por supuesto, óseos. Entre estos últimos que afectan al sistema óseo del perro, está la Displasia de Cadera Canina (DCC, también CHD por sus siglas en inglés) una de las más frecuentes que comprometen la salud y buen desarrollo de los perros.


Se estima que en Estados Unidos de América el 50 % de las perros domésticos están afectados por la DCC, como portadores o perros enfermos. Sin embargo, su mayor prevalencia continúa siendo en los perros de raza. El Pastor Alemán es una de las más afectadas y ha despertado un particular interés, debido a que esta raza tiene una gran población distribuida alrededor del mundo; la prevalencia en el Pastor Alemán es hasta del 49 % de su población, respecto al resto de las razas.


La displasia de cadera es un desarrollo anormal en la cadera y cabeza femoral, cuando no es adecuada la osificiación durante el desarrollo embrionario. Durante las primeras semanas de desarrollo (cerca de la tercera semana de vida) se forma una deficiencia en la longitud del ligamento redondo, que es el responsable de mantener la cabeza del femoral en su sitio, pero cuando dicho ligamento es demasiado corto y no se adhiere correctamente, produce una luxación después de aproximadamente los dos meses de edad. En la comparación morfológica del desarrollo del perro con displasia de cadera y el perro sano es bastante evidente el perro enfermo del sistema óseo. La luxación de la cabeza femoral aumenta provocando un retraso en la calcificación, lo cual eventualmente evitará que la cabeza ya no quepa en el acetábulo. La articulación de la cadera se vuelve inestable debido a la anormalidad del acetábulo y de la cabeza del femoral, que se alejan y crean un nuevo “hueso” que compensa la pérdida de cartílago, agravando la luxación. Conforme la cadera se agrava el perro va experimentando molestias importantes y dolor; al mismo tiempo el cartílago también se deteriora progresivamente, lo que a su vez desencadena otras enfermedades como la osteoartritis, en donde los huesos expuestos al cartílago dañado acaban haciendo fricción y provocan hinchazón, pérdida de movilidad articular y deformaciones. El 20 % de los pastores alemanes enfermos termina padeciendo osteoartritis; la displasia de cadera no tiene cura, pero sí existen tratamientos médicos veterinarios para atenuar el dolor en los perros y retrasar el avance de la enfermedad.


La displasia de cadera es un trastorno poligénico hereditario (expresión de varios genes para un mismo rasgo) del sistema óseo de los más prevalentes, aunque hoy se conoce que un solo gen tiene un porcentaje considerable de influencia y de alguna forma “dirige” al resto de los genes implicados en el desarrollo de la DCC. Se trata de un rasgo genético cuantitativo que se expresa de manera diferencial entre las razas; de manera general, los porcentajes de heredabilidad son hasta del 85 % cuando ambos padres tienen DCC, del 52 % si sólo un padre la tiene y hasta el 37.5 % de las crías lo tendrán aunque ambos padres no sean portadores. Los investigadores que obtuvieron estos datos, argumentan que la diversidad genética es importante para prevenir la propagación de la displasia en futuros ejemplares de las razas; el quid es que la gran mayoría de los planes de crianza poseen cualidades endogámicas y mientras más endogamia haya mediante cruzas padres/hijos, hermanos/hermanas, primos, tíos, abuelos o cualquier otro lazo familiar, mayor será la posibilidad de que las camadas desarrollen padecimientos genéticos, y uno de los más frecuentes es la DCC.


Hoy por hoy principalmente existen tres genes implicados en llevar la batuta durante la expresión de la DCC: Carbohidrato Sulfotransferasa 3 (CHST3), Fibronectina 1 y Fibrilina 2 (FNB2).


CHST3.- La carbohidrato sulfotransferasa 3 (CHST3) es un gen que se ocupa de codificar proteínas para una enzima que está implicada en la síntesis de un proteoglicano, el sulfato de condroitina, que da la estructura para el cartílago articular.


Fibronectina 1.- Es una glicoproteína relevante que desempeña un papel importante en la matriz extracelular del cartílago. En los perros con cadera normal hay una cantidad regular de fibronectina en el cartílago, empero, los canes con cadera displásica tienen cantidades anormales, muy elevadas de esta glucoproteína.


Fibrilina 2 (FBN2).- Es un gen estructural importante para los tendones caninos, la FNB2 juega un papel estructural fundamental en el tejido elástico de las células de las articulaciones, principalmente tendones. En los perros con caderas normales, la FBN2 se ensambla para convertirse en un marco de fibras elásticas y es un blanco para que los factores de crecimiento estimulen a las células. Por otra parte, en los perros con DCC hay una deleción del gen FBN2 en el cromosoma 11. La ausencia de este gen induce alteraciones en el tejido conectivo circundante a la articulación, lo que conlleva a una estructura atípica de la cadera.


En la actualidad, para diagnosticar a un perro con displasia de cadera los especialistas emplean imágenes radiográficas de la región pélvica del perro. Las imágenes se toman después de que el perro ha mostrado los primeros síntomas de DCC y son usadas para evaluar la condición de la cadera. El método de distracción PennHIP, es la manera radiológica más precisa a edad temprana para detectar cuantitativamente el grado real de laxitud de la cadera, predice de manera certera si un cachorro desarrollará displasia de cadera y cuáles podrían ser las opciones clínicas para su tratamiento y así evitar la osteoartritis; por otro lado también se realizan palpaciones para a través del tacto identificar algunos indicios del desorden (signo de Ortalani). La identificación de la laxitud articular en los primeras semanas de vida es crucial para evitar el avance de los daños en el perro y determinar un buen tratamiento clínico veterinario en aras de la calidad de vida del cachorro.


Por otra parte, es relevante considerar la heredabilidad de los genes implicados a través del desarrollo de métodos analíticos genéticos, para poder manejar la enfermedad a través de planes de crianza y selección que consideren herramientas genéticas para la DCC, con la finalidad de que su proceso permita disminuir la frecuencia de esta enfermedad al interior de la raza y en otras que también la presentan con regularidad, usualmente razas de tallas grandes. Los métodos radiográficos sin pensarlo son muy importantes, pero para evitar la herencia recesiva de esta enfermedad es fundamental su identificación genética, lo que facilitaría detectar a los perros portadores y que no necesariamente están enfermos; así, la tasa de expresión podría disminuir evitando que los recesivos aumenten la portación y consecuente expresión de la displasia de cadera en el Pastor Alemán.


Las consecuencias de la displasia de cadera y su manejo desde un punto de vista integral, que implique los métodos analíticos, de palpación y genéticos, debería ser prioridad en las estrategias de planeación en la crianza y selección, dirigir el proceso no sólo en aras de aumentar y fijar los rasgos morfológicos raciales estándar del Pastor Alemán, sino por la salud y calidad de vida de los perros de esta raza, sobre cualquier otra característica.


Fuentes:

Janutta et al., 2006;

Bartolomé et al., 2015;

Ginja et al., 2015;

Peterson, 2017;

Mikkola et al., 2019


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